El verano es así, me digo. Pero imagino que hay otro concepto de desconexión que me estoy perdiendo. No me malinterpretes/to, estoy más o menos a gusto así, sin embargo... falta algo. Es estúpido pensar en el tiempo libre como un momento en el que engancharse a acciones inútiles que sólo me dan un dolor de cabeza terrible, y que sé que no me convienen para nada.
Esperar a marcharme, a que lleguen de nuevo las clases para sentirme productiva de nuevo, para conocer gente y tener obligaciones que me saquen de este sofá que me tiene atrapada por completo. Y lo gracioso es que en realidad hago cosas, pero son sólo fragmentos, momentos de acción que me obligo a vivir para salir un momento de esta rutina implacable. Quiero escribir pero se me traban las manos, desearía trabajar pero pienso que es absurdo, porque es lo que hago durante el curso. Quizá sea la consecuencia inevitable de dedicarme a lo que me gusta.
Trabajar fuera del trabajo para evitar la planicie autodestructiva tiene algo de... ¿tonto? ¿freaky? ¿triste? No sé. Algo que creo que no puedo cambiar y que me resulta tan agradable como doloroso.
Planicie... Tiempo de pensar sin tener nada pendiente. Supongo que es mejor así, soy consciente de que cuando se tiene algo malo en la cabeza, algo de lo que olvidarse, el tiempo pasa despacio y la sensación de incapacidad para ser feliz es acuciante. Pero... me faltan sinónimos para lograr un texto que no sea repetitivo y quisiera compartir con alguien estos momentos de vacío. Suenan ecos en mi cabeza que me dicen que, en el fondo, no tengo nada que solucionar, es posible que sea eso lo que me pasa. Aburrimiento pequeño burgués que me paraliza las piernas.
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